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  • Dany Cherñac

Historias de tránsfugas

Daniel Cherñac


El radicalismo formoseño padece varios males, pero dos de ellos lo convirtieron en una fuerza política testimonial cuyos referentes no pueden influir en la realidad de la provincia. El primero de esos males es la vocación tránsfuga de muchos dirigentes y militantes, la otra la tentación de convertirse en el líder hegemónico interno de los que todavía dicen que son oposición.

Los primeros, los tránsfugas son muchos y varios de ellos disfrutaron de las “mieles” de ser parte de los liderazgos hegemónicos que tuvo el centenario partido en los tiempos en que podían tener intendentes, más de 10 diputados provinciales, dos diputados y un senador de la Nación.

A saber: Pedro González líder de un clan familiar del departamento Patiño que supo ser la mano derecha del mítico Alberto Maglietti, que al inicio de la segunda década del presente siglo decidió transparentar los negocios que tenía con el Gildismo y decidió convertirse en uno de los que se hace llamar “alfonsinistas en el campo nacional y popular”, una forma poco elegante de rendirle homenaje a un hombre como el Padre de la democracia que jamás hubiera aceptado acompañar al fascismo formoseño.

González aportó toda la familia al Gildismo y por supuesto eso le permitió acrecentar los negocios que esa familia ya tenía con el oficialismo que en tiempos en que todavía voceaba su oposición consistían en alquilar máquinas viales a los organismos del estado y como todo negocio privado con plata pública, a muy alto costo para el contribuyente.

Miguel “el otro” Insfrán. Hombre que los propios dirigentes radicales hacían chistes sobre su “habilidad” política ya que con los 400 o 500 votos que sabe cosechar en su Villa Escolar natal pudo llegar a ser diputado nacional por el centenario partido. Hasta que los propios radicales le cortaron boletas para que no pueda ser reelecto, operativo tan destructivo que ese año dejó a la UCR sin representación legislativa.

Después de esa decepción el otro Insfrán empezó a preparar su desembarco en el Gildismo. El pretexto de la transversalidad que permitió a Cristina Kirchner llegar a la Presidencia acompañada de “los radicales con poder”, favoreció a este eterno ganador de las elecciones municipales del pueblito a la vera del Bermejo.

Ese desembarco no fue gratuito, Miguelito se convirtió en súbdito del monarca y a cambio, como en todo territorio feudal, el emperador del verde le otorgó gracias y dones que en estos tiempos se traduce en la inscripción de empresas constructoras a nombre de terceros, y las pertinentes adjudicaciones de millonarias obras viales, viviendas, de saneamiento que llegaron a estas comarcas de la meneada “reparación histórica”.

Más fácil fue la pareja de Hugo Bay y Silvina Jouliá, desde su paso por la Facultad de Abogacía de la UNNE, que supieron tener cargos de concejales de la mano de su cercanía con los que dictan la lista de candidatos, que en el radicalismo formoseño siempre fue “el cupo para la esposa o la hija de”.


Desde hace más o menos una década, cuando esa proximidad con los hacedores de la listas radicales no les favoreció decidieron convertirse también en quienes dicen ser alfonsinistas pero que adhieren al fascismo formoseño.

Así ambos escalaron cargos, primero un Juzgado de Faltas en la comuna de la capital hasta recalar en el Ministerio de la Producción como Subsecretario de Recursos Naturales, Ordenamiento y Calidad Ambiental para el varoncito de la pareja.

Claro que Pedro González, médico de estirpe rural que en sus tiempos de esplendor favorecía con adopciones de niños desamparados a sus amigos más cercanos, tal era su poder territorial, Miguel Insfrán y Hugo Bay no ingresaron solos a las filas del fascismo gildista, lo hicieron acompañados de sus familiares y acólitos más cercanos, aquellos que siempre ocupaban una categoría 1 en la Legislatura, algún cupo jerárquico en los concejos deliberantes o algún cargo bien rentado en el Congreso de la Nación, porque la exigencia del gildismo es que en cada elección presenten sus sublemas como radicales arrepentidos de ser republicanos y democráticos y le muestren que si ven la luz del oficialismo pueden progresar.

Esa es, en resumidas cuentas, la historia de los tránsfugas del radicalismo