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Pfizer o Perón


De modo insólito, y como sólo parece posible en esta geografía, en el último año el Gobierno convirtió a un laboratorio en un nuevo símbolo de su supuesta lucha nacional y popular. Lo que empezó de modo confuso como la imposibilidad de acordar con Pfizer, derivó en la construcción de un enemigo imperialista y en la defensa de la soberanía. Así, la vacuna Sputnik se transformó en la contracara imprescindible. Cristina Kirchner tuiteó “¡Es-pec-tacu-lar!”, cuando la revista The Lancet validó al desarrollo ruso. El jefe de Gabinete Carlos Bianco, mano derecha de Kicillof, ironizó a quienes dudaban de la Sputnik: “Necesitaban verlo en una revista occidental y cristiana”. Los militantes se fotografiaron con los dedos en V y agradecieron con elogios al régimen ruso. La ministra Carla Vizzotti viajó a Cuba y anunció orgullosa las inciertas Soberana 02 y Abdala. Hasta Alberto Fernández le agradeció a Putin con un elocuente: “Los amigos se ven en las difíciles”. Si Putin era el amigo, ¿quién, el enemigo? “No quise comprar la vacuna Pfizer porque me ponía en una situación muy violenta de exigencias”, dijo el Presidente. No fue el único. La escalada, que entre otros incluyó al ex ministro Ginés González García, llegó al absurdo de escuchar a la diputada K Mara Brawer decir: “Pfizer es una vacuna que tiene complicaciones y no se necesita”, y al La demonización de Pfizer tuvo un límite: la escasez de segundas dosis y el riesgo de impedir la donación de EE.UU. reaparecido Ignacio Copani, cantar “Traigan la Faizer”, en una inoportuna ironía que no respeta miles de muertes . La versión siglo XXI de una anacrónica consigna patriotica: Pfizer o Perón. El relato sobrevivió hasta el jueves. Acorralado por la oposición y por la extendida incertidumbre, el Gobierno apuró un manotazo para salir de su propia trampa. Las encuestas preelectorales lo alertaron sobre la compartida evaluación crítica del manejo de la pandemia. Está escrito, el 59% de la población lo responsabiliza por los casos y muertos por coronavirus. El pedido de los legisladores de Juntos por el Cambio de modificar la Ley de Vacunas para destrabar la negociación con Pfizer amenazó, además, con quitarle al oficialismo la posibilidad de esa medalla. Hay que despolitizar la vacunación, pero no tanto. Peor. La intransigencia impedía la vacunación de menores de 18 con patologías (sólo Pfizer fue aprobada en el mundo para ese grupo), y hasta corría el riesgo de ubicarnos como el único país en Latinoamérica marginado de la donación de los Estados Unidos a través del mecanismo Covax, que incluye a Pfizer, Johnson & Johnson y Moderna. Uruguay ya recibió 500.000 dosis; Paraguay, un millón; Perú y Colombia, dos millones y México, 1,3 millón. Demasiado para un país con sólo el 9.1% de la población vacunada con las dos dosis y una creciente incertidumbre sobre la producción y llegada de las segundas dosis. “Lo hicimos así para que fuera rápido”, justificó Vilma Ibarra el Decreto de Necesidad y Urgencia anunciado ayer para liberar las vacunas norteamericanas. Con un año de demora y camino a los 100 mil muertos, se pareció a una burla macabra.


Por Gonzalo Abascal

@clarin