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Ya fue. Ya perdieron.

Actualizado: jun 15

No se trata de las próximas elecciones; del poroteo en la composición de las cámaras; de algún fraude real o virtual. No.

Se trata del futuro: eso es lo que ya perdieron.

A todo dinosaurio le llega su meteorito.

Viven en un mundo que está desapareciendo y nadie les avisó. Y si les avisan, se tapan los oídos, cierran fuertemente los ojos y gritan.

No quieren saber.

Hacen un guiso con alimentos vencidos; son la agonía de la agonía; los últimos “glu, glu, glu” del que se ahoga; son lo podrido del madero podrido en el agua.

Cuando en 1988 Patricio Rey cantaba eso de “El futuro llegó hace rato”, faltaban todavía 15 años para que un pibito en Harvard pensase en una red para divertirse con sus amigos.

Faltaban 15 años para Facebook.

Cuando los Redondos anunciaban en “Vencedores vencidos” que iban corriendo a ver qué escribía en su pared la tribu de su calle, faltaban todavía 18 años para que se pudiera escribir al mismo tiempo en todas las paredes del mundo.

Faltaban 18 años para Twitter.

Cuando en el mismo disco, “Un baión para el ojo idiota”, Los Redondos voceaban: “¡Extra! ¡Extra! ¡Noticias de ayer!”, faltaban todavía 21 años para que a Jan Koum se le ocurriera que quería mandar mensajitos a sus amigos.

Faltaban 21 años para WhatsApp

Aquél futuro que ya había llegado en 1988 es hoy un tiranosaurio rex que no pudo esquivar el meteorito.

Hace unos años escuché a alguien decir en una radio que Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, había sido mucho más revolucionario que el Che Guevara. Los oyentes -era una radio cool, de ésas que se ríen de todo como si les diera el cuero- llenaron de mensajes intimidatorios al osado. Sin embargo, la posibilidad de comunicarnos en red, quedó ya absolutamente demostrada, fue mucho más revolucionaria que las ideas cruentas e impracticables del Santo de la Barba y el fusil.

Y no mataron a nadie.

Sólo pensando que el futuro que había llegado sigue siendo aquello que cantaban Los Redonditos hace 33 años es que se puede entender el ahínco que ponen el gobierno y sus representantes en dar localmente noticias que rápidamente serán desmentidas en el exterior.

La administración nacional -nombrarlos como “gobierno” es demasiado y hasta “administración” les queda grande- cree que estamos en el siglo XX y que nadie se entera de nada.

Sólo por eso, ya perdieron.

No registraron ni la llegada de internet. Así se largaron con las filminas en donde le enrostraron al mundo lo capísimos que eran manejando la peste: “Suecia, qué me vas a venir a hablar de pandemia, gil”.

Esta semana -porque no hay día sin papelón con esta administración- tuvimos dos casos.

Uno, el del presidente diciendo que prohibía la venta de carne argentina al exterior porque no podía ser que nuestro producto acá costase lo mismo que en el extranjero; una mentira que se cae apenas uno busca el precio del bife argentino en una carnicería europea, cosa que se puede hacer en cualquier telefonito.

El otro caso fue el de la diputada nacional Cecilia Moreau quien sentenció muy suelta de cuerpo: “se dice que Perú y Brasil tuvieron que ceder (a Pfizer) sus recursos naturales”.

Sí, dijo “se dice” porque para una diputada nacional hablar públicamente del manejo de los recursos naturales de dos países hermanos tiene la liviandad de una charla de peluquería.

“-Che, ¿viste lo que se dice de Viviana Canosa y El Dipy?”

La Chechu Moreau tiró lo de Perú y Brasil con esa frivolidad y no tardó nada el Ministro de Salud peruano, Oscar Ugarte, en desmentirla: “Es una barbaridad, eso no existe y no ha existido. Ese tipo de condiciones no están en los contratos. Lo descartamos de plano”.

Ya en abril, cuando el Nieto del Estado que funge como Jefe de Gabinete argentino afirmó en TN: “Sólo llegaron 30.000 vacunas Pfizer a Chile”, el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales de Chile, Rodrigo Yáñez Benítez, lo desmintió, corroborando que el largo país había recibido 1.886.625 dosis.

No alcanzó la desmentida y pocas semanas después, el ministro de salud de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, volvió a tirar la misma mentira en el diario Perfil por si pasa, pasa: “Pfizer le vendió 10 millones de vacunas a Chile pero le entregó 30.000 hasta hoy”.

Entonces, fue el embajador chileno en Argentina, Nicolás Monckeberg, quien tuvo que salir otra vez a desmentir lo mismo: “Su recuento -le tuiteó el embajador chileno al ministro argentino- omite dos “ceros” ya que se han recibido 3.000.000 y seguirán llegando hasta los 10 millones. Podemos tener nuestras propias opiniones, pero no nuestros propios datos”. Vencedores vencidos.

Un gobierno debe plantear expectativas, delinear un rumbo, decir hacia dónde vamos y cómo haremos para llegar, entusiasmarnos con la idea, sumar esfuerzo, talento, ganas.

O sea, tiene que tener un proyecto de futuro que nos integre y ayudarnos a imaginarnos más allá en el tiempo.

Para entender lo lejos que está esta gente de tal ideal recordemos lo que pasó con el feriado del 24 de mayo.

Al 11 de mayo -o sea, 13 días antes- el 24 era feriado.

Al 12 de mayo -12 días antes- ya no era feriado.

Al 20 de mayo -4 días antes- volvió a ser feriado.

Lo único previsible es que son imprevisibles.

Viviendo al día se muere en cualquier momento.

Y eso es lo que les está ocurriendo.

Lo sabrían si pudieran leer los datos de la realidad.

La Universidad de San Andrés hizo su habitual encuesta sobre imagen presidencial.

Ahí supimos que mientras que el 72% de los argentinos encuestados desaprueba al gobierno Fernández-Fernández, los integrantes de la Generación Z -los que tienen entre 16 y 22 años- superan ese promedio y llegan al 78%.

¿Quiénes son esos chicos a los que este gobierno de dinosaurios no les gusta nada?

Los que estando en este país viven en el mundo.

Los que siguen más a la Champions League que a la Copa Libertadores.

Los que pasan gran parte del día frente a pantallas que no incluyen jamás a la televisión argentina ni a sus grandes viejas estrellas, a quienes que desconocen con obstinación.

Son los que en su habitación tienen pósters de sus ídolos de la NBA, y cuando hablan de Kirito, Shouya Ishida o Araragi Koyomi no están insultando: están nombrando a sus personajes preferidos de manga. Es por eso que pueden describir al detalle algunos barrios de Tokio, porque “viven” ahí.

Le resultará imposible de entender a algunos de los administradores de la miseria nacional que un streamer puede pasarse horas jugando al Fortnite y cobrar por eso más de lo que puede recibir ese mismo administrador de la miseria por quedarse con un vuelto de las lentejas y los fideos de una licitación amañada.

Y lo cobra en dólares.

Con un canal de youtube cualquiera le habla al mundo de igual a igual, salteando la maraña burocrática de este país al sur. Mientras eso ocurre, hay legisladores que intentan declarar el papel de los diarios como de interés estratégico para el país.

Un argentino puede trabajar hoy para una empresa extranjera, cobrar en dinero de verdad afuera y gastarlo acá

¿Qué sentido tiene para él que le hablen del costo de la canasta familiar?

Las revueltas de Formosa no están encabezadas por los sempiternos empleados públicos, esclavos a sueldo del gran peronista Gildo Insfrán sino por sus hijos.

Los chicos no quieren para su futuro la vida de sus padres. No les interesa nada el sueldito menesteroso que reciben sus progenitores por no hablar, no ver, no oír. Saben que otra vida mejor es posible. Lo ven en sus pantallitas todo el tiempo, lo hablan con sus amigos virtuales de cualquier parte del mundo, lo desean para sí.

Claro, no es sólo el gobierno el único dinosaurio que ya fue.

A los sindicatos les ocurre algo parecido.

Pierden gente por abajo -los desempleados, empujados a la miseria, sobrevivientes a fuerza de planes- y por arriba -los que escapan con trabajos bien remunerados del extranjero-.

La pelea entre Mercado Libre y el Sindicato de Camioneros es más un tironeo de épocas que una lucha ideológica. El zombie se alimenta de los vivos pero no tiene ninguna posibilidad de dejar ser un zombie, ya está condenado.

Al entretenimiento le pasa lo mismo.

En la misma semana hubo dos pésimas noticias para figuras que hace poco tiempo se consideraban intocables.

Jorge Rial debió levantar su programa por un rating escasísimo y ni en sus peores pesadillas Marcelo Tinelli imaginó que el minuto a minuto le daría tal destrato.

La televisión no es lo que era pero aún es mucho más de lo que será.

Mientras acá el Frente del Atraso sigue aplicando políticas vetustas, el mundo ya cambió.

Y ya volvió a cambiar.

Nuestros dinosaurios venían jugando en el precipicio hace tiempo pero la peste les está dando un último empujón. Así, las academias y los científicos que deberían haber encendido luces de alarma frente a la pésima estrategia gubernamental decidieron subirse al Tren Fantasma, como azafatas repartidoras de horror y pánico.

Así, los artistas e intelectuales que deberían haber encendido luces de alarma frente a la pésima estrategia que ninguneó el valor de la educación decidieron sumarse al Trencito de la Alegría, convirtiéndose en Minions despreciables de un relato tosco y mendaz.

Todo eso se cayó, se está desintegrando frente a nuestros ojos aunque a veces sea difícil verlo, son dinosaurios cascoteados.

Es ahora.

Está ocurriendo.

No sabemos qué vendrá porque lo que tiene de apasionante el futuro es que nadie puede dar clases del destino. Nadie estuvo en el tiempo de allá adelante para contarlo.

¿Qué pasará con la política después de tamaña desilusión?

¿Qué riesgos estamos corriendo?

¿Qué papel cumplirán los estados nacionales con habitantes que son cada vez más globales?

¿Son los nacionalismos el pasado del mundo?

¿O el miedo a lo desconocido y a “los otros” será lo que predomine?

¿Cómo será el mañana de un país con este porcentaje de pobreza?

¿Qué pasará con los que no puedan dar el salto tecnológico?

¿Será un sálvese quien pueda?

¿Cuánto se profundizará la desigualdad en un país cuyos gobernantes desestiman el papel de la educación presencial?

¿Cuánto se vaciará de sentido la democracia en un territorio en donde robarse vacunas no es delito?

Si desde acá alguien puede trabajar para cualquier lugar del mundo, cobrar y pagar en cryptomonedas, ¿qué sentido tiene que le hablen de inflación?

Si alguien hace teletrabajo ¿qué le importa un piquete más?

Si alguien está haciendo un master en una universidad de otra provincia u otro país ¿qué le importa el paro de los no docentes?

Si la pasión es la final del Fortnite ¿qué importa que no haya público visitante?

¿Seremos más o menos felices?

¿Estaremos más o menos agobiados?

¿Seremos más o menos solidarios?

Sí, el futuro es un lugar que tiene preguntas, no respuestas.

Y eso es lo apasionante.

Y es lo que parece que no podemos pensar, atrapados como estamos bajo esta nube de desidia, negligencia e inutilidad en la que se nos está haciendo tan difícil respirar.

Pensar en el más allá de este muro que hoy no nos deja vivir es una solución a esta baldosa de realidad tonta con que intentan taparnos todos los días estos tipos que nos tratan como nenes o como delincuentes.

Pensar más allá fue lo que hicieron en el Potrero Digital de la Cooperativa La Juanita, ese lugar en donde cientos de chicos humildes de La Matanza, que en 2018 Juan José Campanella, Toty Flores y tantos otros consiguieron abrir y hoy cuenta con ocho sedes más, en Mendoza, en Morón, y cinco en Ciudad de Buenos Aires y ya traspasó el país, con los potreros de Brasil, México y Uruguay. El potrero digital de La Juanita capacitó a más de 3000 personas con escasas oportunidades, para este año dio becas a 2200 alumnos mayores de 16 años y a 200 chicos de entre 7 y 15 años que se están preparando en robótica y programación.

Muchos consiguieron ya trabajos bien pagos, muy por encima de lo que sus barrios sin gas, cloacas ni pavimento les tenía destinados. Muy por encima de lo que los barones peronistas y sus punteros violentos podían “conseguirle”.

O como hizo Delfina Irusta, que a los 27 años creó la RIL, Red de Innovación Local, que permitió conectar a más de 250 municipios del país para intercambiar experiencias y así, intendentes de pequeñas localidades conocen las soluciones que, para sus problemas, ya se aplicaron en otros lados.

Nada es eterno y los cambios tardan menos de lo que parece.

El matrimonio igualitario, que era un chiste hace 20 años, es una realidad hace más de 10.

Si en la última noche de 1999 alguien nos decía que lo que venía era la posibilidad de escribir un mensaje en un papelito y mandarlo “gratis” para que lo reciba una persona determinada en cualquier parte del mundo y además nos decía que con la misma facilidad íbamos a poder sacar una foto y al momento mandarla con el papelito, es más, que podía ser una filmación y más aún que íbamos a poder hablar mirándonos las caras como en Los Supersónicos, hubiéramos pensado que sí, que dentro de unos cuántos años, que vaya a saber si lo llegábamos a ver. Hoy damos por descontado el sistema.

Si en la última noche de 1999 alguien nos decía que lo que venía era la posibilidad de mostrar fotos y comentarios a miles de personas simultáneamente y que esas miles de personas a su vez pudieran comentar y mostrarse, lo mismo.

Si en la última noche de 1999 alguien nos decía que no iba a hacer falta correr a ver qué escriben en tu pared los pibes de tu tribu, lo mismo.

Ninguno de estos cambios es inocuo.

Ninguno.

Hoy vemos como la policía de Cipoletti detiene a Brian y se lo llevan y lo golpean en la comisaría porque sus amigos tuvieron la osadía de filmarlo.


Lo permiten las redes sociales.

Los dinosaurios, con sus movimientos lentos, no entienden que ya fueron.

Todo lo que la administración nacional está haciendo ya venció. La muestra más patente de su caducidad es este atraso, esta barbarie isolada, esta deriva pobre y oxidada en la que nos movemos.

Sufrimos la agonía, el resentimiento de estos dirigentes viejos -aunque algunos sean muy jóvenes- de que las cosas no salieron como esperaban, el trasnochado museo de novedades.

Más allá de esto está el futuro.

Nos encontraremos ahí.

Y esto será un mal recuerdo.


OSVALDO BAZÁN

DIARIO EL SOL DE MENDOZA